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LOS VIAJEROS FORZADOS (II)

Poco después del primer alzamiento, el de Miguel, don Sancho Briceño, fundador de uno de los más importantes linajes españoles en Venezuela, consiguió licencia para importar doscientos africanos (1560), y en 1592 el procurador don Simón de Bolívar, primer Bolívar llegado al país, obtuvo tres mil licencias más. En buena parte eso explica los éxitos de Boves al promover el rechazo de las clases dominadas a la idea de la Independencia, que era defendida por la clase dominante, la de los blancos criollos. Esa mano de obra esclava fue fundamental para el desarrollo de las actividades económicas en el país. Trasplantados de las zonas tropicales de África, los sobrevivientes de aquellas bárbaras expediciones se adaptaron bastante bien a las zonas cálidas venezolanas, especialmente en las costas. Barlovento, las costas de Aragua, Yaracuy y Zulia, fueron centros en donde los africanos se establecieron y lograron mantener cierta cohesión cultural. Y es cultural, justamente, el mayor aporte de esa corriente inmigratoria africana, que no por forzada tiene menos importancia que la europea. Gracias a sus aportes, que pueden sentirse claramente en la música, en la arquitectura, en la artesanía y en el lenguaje, se ha integrado lo que Bolívar, que aun siendo descendiente de esclavistas aceptó que había que combatir el esclavismo, llamaría la “nueva humanidad”, que se manifiesta claramente en lo religioso, los bailes de San Juan, los de San Benito, el colorido de los altares, y hasta los cultos en los que, como dioses paganos, se hacen presentes hombres y mujeres, santos cristianos y personajes históricos o populares, como José Gregorio Hernández, el general Juan Vicente Gómez, la corpórea e incorpórea María Lionza, la hermana María de San José, Pedro Camejo (Negro Primero), Santa Bárbara, y en muchas manifestaciones artísticas en los Valles del Tuy, en las costas de Aragua, en Lara, en Yaracuy, en el Sur del Lago de Maracaibo, en la amplia región llanera y hasta en el piedemonte andino, en donde no fue tan importante la presencia africana como en las zonas bajas de la nación. La cultura venida del África se nota con especial claridad en la música, no solo la que es absolutamente negroide, en la que están presentes tambores y otros instrumentos que casi sin transformación alguna atravesaron el océano y acompañaron la nostalgia de los viajeros forzados, sino en muchas manifestaciones en las que se mezcló con el elemento indígena y el europeo para formar una música única, especial, que es la que define, justamente, esa nueva humanidad a que se refirió Bolívar. Bolívar, a pesar de que su antepasado don Simón Bolívar, el primero de su estirpe en Venezuela, fue también uno de los primeros en traer al país esclavos del África, pensó seriamente en abolir la esclavitud. En especial cuando organizó la llamada Expedición de los Cayos y por exigencia de Petión. Alejandro Petión, que a pesar de estar en plena guerra civil en Haití contra Henry Cristophe, de las amenazas de Morillo y del gobierno español, y de la espada de Damocles que Francia le tenía encima, respaldó con palabras y hechos a Bolívar, que de nuevo entraría en acción. Petión tenía entre sus mayores gente que viajó del África muy en contra de su voluntad, pues era hijo de un colono francés llamado Alexandre Sabes y de una criolla de color, de apellido Petión. Interesado en la Independencia americana, recibió a Bolívar el 2 de enero de 1816 y le entregó 6.000 fusiles con sus bayonetas y sus municiones, una buena cantidad de bastimentos y una imprenta, pero exigió a cambio que el Libertador aboliese la esclavitud en Venezuela, que fue lo que hizo en cuanto arribó a su patria al frente de doscientos cuarenta hombres, destinado al fracaso. En realidad las condiciones no estaban dadas para abolir la esclavitud, sobre todo porque muchísimos de los que acompañaban al Libertador en su gesta eran propietarios de esclavos y no tenían la más mínima consciencia de que serlo era un crimen. La promesa bolivariana se cumpliría varias décadas después, y no por razones humanitarias, sino porque ya no era buen negocio mantener esclavos y sí lo era darles la libertad.

FIN.

LOS VIAJEROS FORZADOS (I)

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