Emilio Boggio (1857-1920). El gran impresionista de Venezuela

Emilio Boggio (1857-1920). El gran impresionista de Venezuela

En el primer tercio del siglo XIX se estableció en Angostura (hoy Ciudad Bolívar), el genovés (de nacionalidad francesa) Juan S. Boggio, que fundó una importante empresa comercial y se casó con María Josefa Zelie Dupuy, de origen francés. A fines de la década de 1850, la pareja decidió radicarse en Caracas, a donde se trasladó vía Trinidad, y en La Guaira, el 2 de mayo de 1857, nació Emilio Boggio, destinado a ser el gran representante de la escuela impresionista de Venezuela (y en Venezuela).
El Impresionismo fue una corriente de expresión que se desarrolló en Europa, sobre todo en Francia, en la segunda mitad del siglo XIX, aunque llegó también al siglo XX. Se caracterizó por el intento de plasmar la luz, o “impresión visual”, sin buscar realismo ni interesarse por la identidad de lo que se pintaba. Fueron los más notables representantes del impresionismo: Fréderic Bazille, Gustave Caillebotte, Mary Cassatt, Paul Cézanne, Edgar Degas, Armand Guilaumin, Édouard Manet (el precursor por excelencia), Claude Monet (el más prolífico y el más realmente impresionista), Merthe Morisot, Camille Pisarro, Pierre-Auguste Renoir, etcétera. También en la literatura hubo una tendencia impresionista, y más aún en la música, en donde se destacaron Claude Debussy y Maurice Ravel.
El joven Boggio pasó su infancia y su adolescencia en la capital venezolana, aparentemente destinado a suceder a su padre en los negocios. Pero pronto se supo que su vocación iba por otros caminos, por otros sueños. En 1864, a los siete años, viajó con sus padres a Francia, en donde realizó estudios en el Lycée Michelet de París, hasta 1870. En 1873 estaba de vuelta en Caracas y trabajó por algún tiempo en el negocio de su padre. Pero es evidente que no se veía al frente de un negocio familiar, comprando y vendiendo, sino fabricando formas, creando belleza. En 1877, a pesar de las opiniones en contra de su familia, regresó a Francia para dedicarse por completo a las artes plásticas. Allí entró a estudiar pintura, en la Academia Julian, donde fue alumno de Jean Paul Laurens (1938-1921), el pintor, escultor e ilustrador francés, cultor del academicismo y de la pintura histórica, que tuvo entre sus alumnos a Cristóbal Rojas (1858-1890), Arturo Michelena (1863-1898), los dos grandes cultores venezolanos de las artes plásticas del siglo XIX, así como Carlos Rivero Sanabria (1864-1915) y Federico Brandt (1878-1932), cuyos nombres abarcaron también la primera parte del siglo XX. Boggio fue condiscípulo de Rojas y Michelena, que prefirieron seguir los caminos del academicismo de Laurens, mientras él optaba por recorrer otros derroteros, en lo que tuvo mucho que ver su amistad con Henri Martin (el pintor Henri-Jean Guillaume Martin, nacido en 1860 y muerto en 1943, alumno de Henry-Eugéne Delacroix y de Laurens, cuya obra se orientó hacia el puntillismo y el impresionismo). Con Martin, cuya madre era de origen italiano, viajó y pintó en diversos lugares de Francia. En 1883 tuvo un primer éxito, cuando en el Salón de los Artistas Franceses le fue otorgada una Mención de Honor. En 1889 obtuvo una medalla de bronce en la Exposición Universal de París. En 1892, participó en el salón Blanc et Noir, dedicado a la caricatura. Y en 1899 le fue otorgada una Medalla de Segunda Clase (Fuera de Concurso) en el mismo salón de los Artistas Franceses, lo que le permitió, en la exposición retrospectiva de “Cien Años de Pintura Francesa”, establecer contacto con Claude Monet y Camille Pissarro, hijo de un judío portugués y de una dominicana, que estuvo una buena temporada en Caracas junto con el pintor danés Fritz Melbye. Esa relación fue determinante en su decisión de ubicarse en forma clara dentro de la escuela impresionista. Se estableció por un tiempo en Enghien, cerca de París, en donde tuvo como alumno a Raymond Thibesart. Entre 1907 y 1909, Boggio, Henri Martin y Thibesart vivieron a Italia. Y fue allí en donde Boggio pintó preferiblemente marinas. Diez años después regresó a Caracas, en donde expuso sus obras (53 pinturas que había llevado con él) en la sede de la Universidad en San Francisco. Gracias a esa actividad, así como a una exposición del pintor rumano Samys Muzner (que fue en el Club Venezuela y tuvo un notable impacto sobre el movimiento artístico venezolano), se dio a conocer en Caracas el impresionismo, que se reflejó especialmente en las obras de Federico Brandt y Armando Reverón. A su regreso a Francia se estableció en Auvers-sur-Oise, sitio de residencia de Cézanne, Corot, Pissarro y Renoir, sitio en el que encontró la muerte, en 1890, Vincent van Gogh (que según algunos se suicidó y según otros fue víctima de un accidente de cacería pero no quiso perjudicar a los jóvenes hermanos que habrían sido los responsables). Boggio, que estuvo enterrado en el mismo cementerio en donde fueron sepultados van Gogh y su hermano Theo, fue gran admirador y seguidor del holandés. A los sesenta y tres años, en junio de 1920, Boggio murió en Auvers-sur-Oise, donde se quedaron su viuda y sus hijos. Cinco años después (1925) se organizó una exposición retrospectiva de sus obras en la Galería Georges Petit, y uno de los críticos del arte más importantes de su tiempo, François Thiebault-Sisson, publicó una nota en la que decía, entre otras cosas: “se muestra como el más agudo observador que he conocido de los efectos de la atmósfera, de la luz y del cielo de París, único en el mundo para un temperamento artístico”. En Venezuela, sin embargo, era poco o nada lo que de él se recordaba. Treinta y seis años después de su desaparición física, el gran escritor Mariano Picón Salas llamó la atención sobre ese injustificado olvido: “Venezuela –dijo– debe rescatar la un poco perdida obra de Emilio Boggio, ya que además de su valor intrínseco, ella influyó considerablemente en el campo de nuestra plástica a partir de 1920. Está en el transito que conduce a los grandes maestros tradicionales del siglo XIX como Tovar, Rojas y Michelena a las varias e inquietantes corrientes de esta época. En la historia del paisaje impresionista será siempre uno de los nombres más valederos”. En 1973 el Concejo Municipal de Caracas, presidido por Rafael Domínguez Cisco, compró la llamada “Colección Baptistin Rinaldi”, integrada por sesenta y ocho pinturas y más de cuatrocientos dibujos, y creó el Museo Emilio Boggio. En 1982, por los ciento veinticinco años de su natalicio, la Sala de Exposiciones de la Gobernación del Distrito Federal realizó una muestra de obras del artista, basada fundamentalmente en la que unos años antes había organizado la Galería Mendoza, quizá como tardía reacción al pedido de Mariano Picón Salas.

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