José de Jesús Arocha (1857-1930). El gran educador del siglo XX

José de Jesús Arocha (1857-1930). El gran educador del siglo XX

En la primera mitad del siglo XIX, dos familias canarias, la Arocha y la Tortolero, se regaron por la zona del estado Carabobo comprendida entre Tocuyito y Nirgua. Varias parejas Arocha y Tortolero (Arocha-Tortolero y Tortolero-Arocha) fundaron hogares en la zona de Montalbán y Miranda. Los Arocha descendían de Diego Arocha, uno de los muchos canarios que dejaron sus islas en el siglo XVIII y se establecieron en Venezuela Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. Diego Arocha casó con Juana Josefa Balaustrén y se estableció en La Mona, entre Carabobo y Bejuma, en una hacienda que hacia 1826 vendieron sus descendientes, que fueron los que formaron parejas Arocha-Tortolero y Tortolero-Arocha. Una de esas parejas, la formada por José de Jesús Arocha y Ana Joaquina Tortolero, tuvo nueve hijos, el mayor de los cuales fue José de Jesús Arocha Tortolero, el que mucho tiempo después sería conocido como “El Tigre” Arocha y se convertiría en uno de los educadores más importantes de la historia de Venezuela. Siempre se tuvo por su fecha de nacimiento el 8 de enero (fecha que se celebraba en familia en el Liceo San José), y se discute si el nacimiento fue en 1857 o en 1860, pero en los archivos eclesiásticos de Montalbán, en el estado Carabobo, está asentada la partida de bautizo de “José Luciano” Arocha Tortolero el 20 de enero de 1860. Es perfectamente factible que haya nacido el 8 de enero y lo hayan bautizado el 20, y que el cura que asentó la partida se haya equivocado de nombre. En 1860 no se había creado aún el Registro Civil, de modo que cualquier cosa podía pasar. Y pasó. De acuerdo con los registros eclesiásticos, los hijos de la pareja José de Jesús Arocha y Ana Joaquina Tortolero fueron: José de Jesús, nacido en 1860, que en 1886 se casó en Valencia con Mercedes Sandoval, Antonio Mónico, que se casó con Carmen Tortolero y se quedó en Montalbán, Pedro, que murió niño, Miguel María Nepomuceno, que se casó con Carmela Tortolero y se estableció en Valencia, Saturnina, que se casó con Eligio Pinto y se quedó en Montalbán, Rita María de Jesús, que murió a los doce años, Ana Joaquina, que se casó con Pedro Tortolero y se establecieron en Ocumare del Tuy, Francisca, que se casó con Fernando Tortolero y se establecieron en Los Teques y Enrique, que se casó dos veces, una con María Teresa Dorta y otra con Clara Zamora, y murió en Antímano.
La infancia y adolescencia de José de Jesús Arocha Tortolero fueron las normales de cualquier niño y adolescencia de su tiempo, regadas por la violencia y las guerras civiles, así como la corrupción de los funcionarios públicos y la pobreza de un país que no había logrado recuperarse de la terrible guerra que debió librar para independizarse de España. Sus primeros estudios fueron en Montalbán, en donde se destacó por su disciplina y capacidad de aprender. Su pariente, el Doctor Julián Tortolero, uno de los personajes notables de Montalbán, gestionó la mudanza del joven Arocha para que pudiera seguir estudios en Valencia. El medio en que se crió fue muy católico y conservador y, por lo tanto, contrario al liberalismo amarillo. Durante sus días de estudiante dio muestras de tener un carácter hasta levantisco. En una oportunidad retó a duelo al director del colegio por considerar que había atentado contra su honor. Expulsado del Colegio de Carabobo, fue a tener a la cárcel por sus actividades políticas contrarias a Guzmán Blanco y al liberalismo amarillo, que estaba en el poder. En ese tiempo también ejerció el periodismo, especialmente el periodismo político. Logró finalmente graduarse de médico a pesar de los inconvenientes que significaban su falta de recursos económicos y su decisión de actuar siempre conforme a su conciencia, especialmente en materia política, por lo que por un período debió establecerse en Caracas, cuando se le cerraron todas las muertas en Valencia. Pese a todo, en enero de 1895 recibió de la Universidad de Carabobo el título de Doctor en Ciencias Médicas. Poco antes se había casado con Mercedes Sandoval Peñaloza, con quien formó una larga familia. Fueron sus hijos: Mercedes María (monja), Jesús María, Luis Antonio, Ana Joaquina, Manuel, Francisco, Rafael, Josefina, Dolores, José, Rosarito (que murió muy niña, en El Tinaco) y Margarita. Practicó por breve tiempo su profesión en Tinaquillo, pero al poco tiempo se dedicó a la docencia, en el Tinaco, en donde fundó por vez primera un colegio.
En el terreno de la política, estuvo entre los primeros seguidores del general José Manuel Hernández, el “Mocho” Hernández, y figura entre los fundadores del Partido Liberal Nacionalista, que nada tenía de liberal y sí de conservador con todas las de la ley. Allí estaría junto a Alejandro Urbaneja, que ya había intentado organizar partidos un par de veces, Felipe Aguerrevere, Santiago Aguerrevere, Ricardo Castillo Chapellín, Guillermo Delgado Palacios, Eloy Escobar, Pablo Godoy Fonseca, Oscar Larrazábal, Vicente Lecuna, David Lobo, Tomás Michelena Díaz, Jorge Nevett, Miguel Páez Pumar, Pedro Manuel Ruiz, Luis Soriano, Cristóbal Soublette, Luis Ugueto, Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, Casimiro Vegas, Nicomedes Zuloaga. Y luego del enorme fraude organizado por Joaquín Crespo para que Ignacio Andrade le robara las alecciones al “Mocho”, es el doctor Arocha el que recibe al general Hernández en Valencia para iniciar su acción armada, su “revolución” de Queipa, que le costó la vida a Crespo, pero no llevó a Hernández al poder por la capacidad del “Mocho” de equivocarse en los momentos cruciales. En esa aventura frustrada participa también un inmigrante italiano que terminará con sus huesos en Canoabo, en las montañas carabobeñas, y que entrará a la historia de la gran literatura venezolana como “Mi padre el inmigrante”, del más grande los poetas venezolanos, Vicente Gerbasi.
Desilusionado de la política, se dedica por completo a la docencia. Ya había fundado un colegio en El Tinaco y luego, en Valencia, el Colegio Castillo, que se había ganado la fama de ser uno de los más importantes de la región, y en 1906, posiblemente por razones relacionadas también con la realidad política, decidió mudarse a Caracas y cambiarle el nombre al Colegio, que desde entonces se llamó Liceo San José. En 1912, debido a la epidemia de gripe española, mudó el Colegio a Los Teques, cuyo clima se tenía entonces como el más apropiado para la salud. Pronto se empezaría a conocérsele como “El Tigre”, según algunos por su habilidad para “cazar” jóvenes infractores que se escondían en las arboledas para fumar clandestinamente, y según otros por su gran mostacho, que lo hacía parecerse a Georges Benjamin Clemenceau (1841-1929), el famoso “Tigre” Clemenceau, médico, periodista y político francés de especial importancia a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Por el cada vez más afamado Liceo Los Teques pasarían muchos de los venezolanos más importantes o conocidos del siglo XX, como Arturo Uslar Pietri, Rosalio Castillo Lara, los hijos del general Juan Vicente Gómez, Miguel Otero Silva, Francisco Tamayo, Espíritu Santos Mendoza, Pedro Sotillo, Tobías Lasser, Raúl Valera, Fernando Paz Castillo, Julio Bustamante, Juan Beroes, Néstor Luis Negrón, José Enrique Machado, Francisco Tamayo, Atilio Romero, Milton López Henríquez, Oscar Cróquer, Rafael Chirinos y muchos otros hombres de provecho. Tanto el doctor Arocha, católico practicante y hombre de notable disciplina, como su colegio se convirtieron en verdaderas instituciones en Los Teques, aún después de la muerte del ilustre educador y médico, que fue el 21 de mayo de 1930. El Liceo quedó en manos de su hijo Jesús María, que finalmente lo entregó a la Congregación Salesiana en 1935, en cumplimiento de la última voluntad del fundador, que había dirigido el plantel por más de medio siglo. En cierta forma, se había convertido en la contraparte nada negativa de Rómulo Gallegos y del Liceo Caracas, en donde se formaron muchísimos de los venezolanos que se ubicaron en la izquierda cuando el país entró en el camino de la democracia, inicialmente con López Contreras y Medina Angarita, luego con Rómulo Gallegos y, luego de un oscuro paréntesis de dictadura, con Rómulo Betancourt y los presidentes democráticos que gobernaron el país entre 1959 y 1999.
Sus descendientes directos fueron: los Arocha Rui (de Jesús María y Mercedes María Rio Ramos, de Turmero), los Méndez Arocha I (de Ana Joaquina y Cayetano Méndez, de El Tinaco), las Arocha Ruiz (de Manuel y Berta Ruiz), los Arocha Senior (de Francisco y Amelia Senior, de Coro), los Otero Arocha (de Josefina y Luis Daniel Otero, de Barcelona), los Guillén Arocha (de Dolores y Rafael Guillén) y los Méndez Arocha II (de Margarita y Luis Méndez, de El Tinaco), y hoy en día hay centenares de descendientes directos radicados principalmente en Caracas, pero también en diversas ciudades de provincia y hasta en el exterior. Con el nombre de “La Arochera” suelen reunirse con regularidad en sanos y gratos encuentros en los que, por cierto, suelo asistir como esposo de Natalia López Arocha, hija de Emma Arocha, hija de Jesús María Arocha, el primogénito varón del “Tigre”, que también dedicó su vida a la docencia y formó una familia ejemplar.

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