Teresa Carreño (1853-1917). Pianista y gran mujer universal

Teresa Carreño (1853-1917). Pianista y gran mujer universal

Extraña, extrañísima, la familia Carreño de Caracas. O, mejor dicho, extraños los Carreño de Caracas. Extraordinariamente inteligentes, capaces y hasta geniales. A fines de 1721 nació en Caracas Ambrosio Carreño, a quien se ha calificado de “el primer integrante de la familia Carreño, tan vinculada a la historia de la música venezolana” (Diccionario de Historia de Venezuela, de la Fundación Polar). Pertenecientes a esa familia musical fueron Cayetano, Manuel Antonio, Juan de la Cruz, Juan Bautista Carreño, Ciriaco y la que fue la más famosa de todos: Teresa Carreño (1853-1917), una de las personalidades musicales más importantes del mundo entero. Pero hay un problema: aparentemente Simón (Carreño) Rodríguez (el educador, el filósofo, el extraordinario personaje a quien se le ha dado la condición o el título de Maestro del Libertador, no tanto porque el niño Simón Bolívar asistiera unos meses a su escuela, sino por el tiempo en que viajaron juntos por Europa, cuando Rodríguez –que se había quitado el Carreño luego de pelear con Cayetano y que también se haría llamar Róbinson– al parecer le inculcó al joven Bolívar ideas de libertad e independencia) no era en realidad Carreño, como tampoco lo era Cayetano, que tampoco sería necesariamente hermano de Simón, puesto que ambos habrían sido expósitos, hijos de padres desconocidos, recogidos y criados por el cura Alejandro Carreño y criados por Manuela de Silva y Rosalía Rodríguez, hija de una hacendado canario y de quien tomaron el segundo apellido (que para Simón terminó siendo el primero). Desde luego, Cayetano y sus descendientes sí llevaban el apellido Carreño, pero no se podría hablar de ellos como parientes cercanos de Ambrosio, ni se podría decir que Ambrosio fue el primero de una familia que en realidad no existió como tal.
Pero, excluyendo, pues, a Ambrosio, sí fue la familia Carreño algo extraordinario en materia musical. Y parte de ella fue Manuel Antonio (1812-1874), hijo legítimo de Cayetano y de María de Jesús Muñoz, que fue también músico, pero además pedagogo, fundador de una escuela, diplomático y político de importancia en el siglo XIX, que entre otras cosas fue Ministro de Relaciones Exteriores y Ministro de Hacienda, traductor al castellano obras sustanciales y autor de una de las obras más notables y difundidas escritas por un venezolano, el famoso “Manual de Urbanidad y Buenas Costumbres”, o “Manual de Carreño”. Pero lo más importante de su biografía fue el haber sido el padre y formador de Teresa Carreño, una de las mujeres más importantes del todos los tiempos, no sólo como pianista, sino, simplemente, como mujer. La Venezuela que emergió de la Guerra de Independencia fue muy distinta a la de fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, y uno de los elementos más importantes de esa diferencia fue la movilidad social, el hecho de que desaparecieran las castas en que se dividía antes la sociedad, algo que permitió que Manuel Antonio Carreño, hijo de un “recogido”, se casara con Clorinda García de Sena y Rodríguez de Toro, nieta del Marqués del Toro e hija de Ramón García de Sena, poeta y prócer de la Independencia, ambos mantuanos de cepa y ella directamente emparentada con Simón Bolívar y su esposa. Así, en la mente de Teresa Carreño y García de Sena, tal como en las de sus hermanos, Emilia y Manuel Antonio, tenía que estar presente ese origen lleno de luz, y hasta su relación directa con Simón Rodríguez y con el Libertador.
Teresa empezó a tener una vida excepcional desde los cuatro o cinco años, cuando llevada por su padre se inició su carrera de pianista y de música, en una época en la que cualquier carrera, incluso la de intérprete de algún instrumento musical, parecería reservada a los hombres (una excepción notable a esa tendencia puede haber tenido alguna influencia en la vida de Teresa, y fue la de Clara Schumann, o Clara Wieck (1819-1896), hija de Friedrich Wieck, profesor de piano, y de Marianne Tromlitz, que tenía un pequeño negocio musical, y que fue impulsada por sus padres a hacer una carrera musical, no como aficionada, sino como profesional, y se casó con Robert Schumann además de mantener una gran amistad con Johannes Brahms y se aceptada por Franz Liszt y otros grandes maestros de su tiempo). El caso es que el padre de la niña Teresa se dio cuenta del potencial que había en su hija, renunció a su vida propia y se dedicó a la de ella, que fue alumna de Julio Hohené y Louis Mareau Gottschalk, en Nueva York, en donde, a los nueve años, dio un recital que impresionó abiertamente e los críticos musicales del momento. Pasó una temporada en La Habana, y su nombre apareció con especial brillo en el mundo entero cuando tocó en la Casa Blanca ante el presidente Abraham Lincoln, en 1866, año en el que Clorinda García de Sena de Carreño, su madre, murió víctima de la cólera. Había empezado su carrera de niña prodigio, que la llevaría a ser uno de los intérpretes del piano más conocidos y admirados de su tiempo, al extremo de que Franz Liszt, al oírla tocar, se ofreció a darle clases si la niña se establecía en Roma. También estuvo entre sus admiradores Rossini. Su padre prefirió que se establecieran en París, en donde su carrera musical se desarrollaría con más brillo y facilidad, y pronto se presentó en casi todos los escenarios de Europa, Estados Unidos y hasta Oceanía. En Francia, a los 13 años, Teresita se dio a conocer por Gounod, Ravel, Debussy, Vivier, Gioacchino Rossini, entre otros. Y en el salón de Madame Erard fue donde con especial brillo tocó ante Franz Liszt. Ya su carrera no era solamente de pianista de recitales, sino como cualquiera de los grande pianistas de todos los tiempos, se presentaba con las mejores orquestas y acompañada por los mejores directores del mundo. En 1874 murió su padre, cuando ya la carrera de la joven era una realidad indestructible. Un año antes se había casado con el violinista Emile Saurel, con lo que inició su vida que para algunos resultaría algo escandaloso, pues se divorció nada menos que tres veces y fue objeto de más de un escándalo, visto lo pacata de la sociedad venezolana y latinoamericana en general. De Saurel, con quien tuvo una hija llamada Emilia (que fue adoptada por una amiga de Teresa, que se separó del todo de la niña), se divorció dos años después de la boda para casarse con un cantante de ópera, Giovanni Tagliapietra, con quien tuvo tres hijos (Lulú, nacida en 1878, Teresita, nacida en 1882 y Giovanni, nacido en 1885), y además fundó una empresa de conciertos, que llamó la “Carreño Donaldi Operatic Gem Company”. Invitada por el presidente Joaquín Crespo volvió a pisar suelo venezolano en 1886, luego de una ausencia de un cuarto de siglo, hecho que repetiría a comienzos de 1887 en tiempos de la segunda presidencia de Guzmán Blanco, quien la había conocido en París, Pero la sociedad venezolana la rechazó abiertamente por considerar que su vida personal era escandalosa, además de que el elenco que contrató para una temporada operática parece haber sido bastante defectuoso. El día del estreno, Teresa tuvo que dirigir la orquesta porque el director se perdió, y para colmo sufrió los efectos del rechazo que Guzmán Blanco causaba en Caracas. Adicionalmente, una decisión de un tribunal la retuvo en Caracas en contra de su voluntad casi durante un año. En 1889 se separó de su segundo esposo y logró también un divorcio no exento de algún elemento escandaloso. Se estableció en Berlín como Solista de la Orquesta Filarmónica. En 1892 se casó con el pianista y compositor escocés, nacionalizado alemán, Eugen d’Albert (1864-1932), once años menor que ella y también divorciado (se cuenta que alguna vez hubo un diálogo entre ellos, en el que se dijeron algo así como “tus hijos y mis hijos están peleando con nuestros hijos”, lo que, por cierto es falso). También se divorciaría de su tercer esposo, y se casará en 1902 con Arturo Tagliapietra, su antiguo cuñado, como para generar aún más críticas de la sociedad conservadora a su vida personal. Su vida terminó en 1917, durante la primera Guerra Mundial, luego de emprender una serie de giras que la llevaron a España, Cuba y Estados Unidos, sonde se dice que murió de agotamiento. Tras sí dejó la leyenda de su maravillosa vida, no sólo como pianista y música en general (escribió muchas obras, como el “Himno a Bolívar”, el vals “Teresita”, un Cuarteto para cuerdas en Si bemol, etcétera), sino como mujer que afirmó con sus acciones su derecho a vivir plenamente, sin someterse a los cánones de una sociedad dominada por un machismo asfixiante. En 1977 sus restos fueron traídos al Panteón Nacional de Caracas.
En cualquier caso, Teresa Carreño es una de las personalidades más importantes de la vida venezolana, equivalente a las de Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José María Vargas y los pocos que en realidad han brillado en nuestro país.

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