Marco Antonio Saluzzo (1834-1912). El bastión de la dignidad republicana

Marco Antonio Saluzzo (1834-1912). El bastión de la dignidad republicana

Desde que aprendí a escuchar o, mejor dicho, desde que pude entender lo que escuchaba, oí hablar de Marco Antonio Saluzzo, pero no como poeta o académico o Canciller de la República, sino como “Papá Saluzzo”, el abuelo de mi padre (Marco Antonio Casanova Saluzzo), o el padre de mi abuela, Devota Saluzzo D’Aubeterre (Dios mío, qué nombrecito le pusieron a la pobre: “Papá Saluzzo” como que no era muy bueno en eso de poner nombres, aunque en su descargo hay que decir el nombrecito venía desde Córcega, , tierra de los antepasados de la así nombrada, por parte de madre). Muchísimos años después, cuando me tocó dirigir el Celarg (Centro de estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, en Caracas), Manuel Alfredo Rodríguez, uno de los más honestos y genuinos intelectuales venezolanos de su tiempo, me lo definió como “el bastión de la dignidad republicana de Venezuela”, y debe haber sido un verdadero caballero en su tiempo, por lo que de él se dice en el nuestro. Miguel Ángel Mudarra, su biógrafo, lo calificó de “caballero de la libertad”. De él afirmaría otro cumanés (Alberto Sanabria): “Hijo espiritual de Grecia, unióse en él el talento a la educación, el saber a la modestia. Su gentil hombría lo perfila como un tipo de selección, digno de haber frecuentado el Partenón y los jardines de Academo”.
Nació en Cumaná el 7 de noviembre de 1834. Era hijo de un inmigrante italiano, siciliano de Palermo, para más señas, que llegó a Venezuela, traído por Agustín Codazzi, cuando Venezuela acababa de separarse del todo de España y aún era parte de Colombia la grande, Eso fue, según consta en la carta que Agustín Saluzzo Angelucci, nacido en 1795, dirigió a las autoridades para solicitar la nacionalidad venezolana, de fecha 3 de noviembre de 1826, año en el que Camillo Benso, Conde Cavour, personaje fundamental en la unificación italiana, fue expulsado de la corte del rey de Turin a causa de sus ideas liberales (tenía sólo 16 años). El joven Saluzzo, que conforme a lo que fue hasta entrado el siglo XX la costumbre, castellanizó del todo su nombre de pila, se estableció como comerciante en Cumaná, donde se casó con la cumanesa María Josefa Crispina Castilla Cabrera, con quien tuvo por lo menos dos hijos varones, Marco Tulio y Marco Antonio. En 1841, cuando su hijo Marco Antonio tenía seis años, Agustín Saluzzo, que había sido designado administrador de la aduana de Juangriego, fue asesinado por dos contrabandistas de sal y dos cómplices locales. A raíz de ese incidente el gobierno decretó el cierre definitivo de la aduana de Juangriego, cierre que se ha mantenido hasta nuestros días. La joven viuda se trasladó con sus hijos a Angostura (Ciudad Bolívar) y posteriormente a Barcelona. Marco Antonio, luego de completar sus estudios primarios en Barcelona, inició los de secundaria en el Colegio Nacional de Cumaná, pero no pudo completarlos porque se vio obligado a trabajar para mantenerse. Sin embargo, siguió estudiando por su cuenta y logró una impresionante formación autodidacta que lo convirtió en uno de los humanistas mejor formados de su tiempo en Venezuela. Por algún tiempo se dedicó al comercio de exportación e importación, lo que le dio una posición más o menos holgada y le permitió casarse con María Devota D’Aubeterre, hija del corso Toissant (Santos) Bouchard D’Aubeterre Dominici y la cumanesa Josefa Antonia Rodríguez Alarcón. Y fue en Cumaná en donde el joven Saluzzo se entusiasmó con las ideas de Estanislao Rendón (Cariaco, Estado Sucre, 7 de mayo de 1808 – Cumaná, 22 de enero de 1874), abogado, periodista y dirigente político liberal, fundador de un periódico llamado “El Torrente”, que tuvo una gran influencia en su región. Saluzzo se afilió con mucho entusiasmo al Partido Liberal y decidió dedicarse a la política, como liberal, pero jamás como seguidor incondicional de los liberales. Fue diputado por el Estado Barcelona en la Constituyente de 1863, en donde votó en contra del empréstito contratado por Guzmán Blanco en Londres. En 1866 fue Presidente de la Cámara de Diputados. Entre el 66 y el 70 ocupó varios cargos de importancia en Barcelona, y fue hecho preso por los “Azules” en la “revolución” que llevó por poco tiempo a los Monagas al poder. Preso en Puerto Cabello, fue liberado por las fuerzas de Venancio Pulgar y elegido Plenipotenciario ante el Congreso de Valencia de julio de 1870. Se negó a participar en el “Septenio” liberal de Guzmán Blanco, y en cambio aceptó ser ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Francisco Linares Alcántara, el sucesor de Guzmán (entre noviembre de 1877 y marzo de 1878). Al oponerse al arbitraje en la reclamación del norteamericano Hancox por daños y perjuicios causados por la “Revolución Azul”, renunció al cargo de Canciller y se retiró de la vida pública, hasta que Juan Pablo Rojas Paúl lo nombró de nuevo Canciller entre 1890 y 1891. Se enfrentó de nuevo a Guzmán Blanco por la cuestión de la Guayana Esequiba. Fue designado de nuevo diputado, ahora por el Distrito Federal para el período 1891-1892, pero a mitad del término aceptó ser Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Madrid. Se destacó como orador importante y fue autor de numerosas obras de notable erudición sobre literatura griega, romana y hebraica, y publicó numerosos poemas. Fue un colaborador importante de “El Cojo Ilustrado”. Fue miembro fundador de las Academias venezolanas de la Lengua (1883) y de la Historia (1888). A partir de su regreso de España se retiró, ahora sí definitivamente, de la política. Murió en Caracas, en su casa ubicada frente a la Iglesia del Corazón de Jesús, el 20 de diciembre de 1912, cuando su nieto Marco Antonio Casanova Saluzzo acababa de cumplir cuatro años de nacido.

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