Fermín Toro (1806-1865). Primer novelista, gran civilista y hombre excepcional

Fermín Toro (1806-1865). Primer novelista, gran civilista y hombre excepcional

Fermín Rodríguez del Toro y Blanco, que, como diría Manuel Alfredo Rodríguez, “democratizó” su nombre para dejarlo simplemente como Fermín Toro, nació el 14 de julio de 1806, posiblemente en El Valle, que era entonces una aldea muy cercana a Caracas en donde tenía propiedades su padre, Don José Antonio Rodríguez del Toro y Álvarez Barba, pariente cercano de marqués del Toro y de Diego Batista Urbaneja, entre otros, y que se había casado con otra mantuana, doña Mercedes Blanco de la Plaza y Blanco, parienta muy cercana y endogámica del Libertador Simón Bolívar. Lo de “posiblemente” se debe a que la partida de bautizo que certificaría el lugar y la fecha de su nacimiento (o por lo menos de su bautizo) no sobrevivió a la guerra de Independencia, lo que ha dado pie a que algunos afirmen que nació en Caracas y se trasladó niño a El Valle, con sus padres, pero parecería que fue lo contrario: que nació en el Valle y se mudó a Caracas con toda la familia en 1816 (a los diez años), huyendo de los horrores de esa guerra que empezó cuando el niño Fermín tendría apenas cinco o cuatro años. También hay quien afirma que en realidad nació en 1807 (lo que ha sido desmentido por el historiador José Antonio de Armas Chitty, sobre la base de que María del Rosario del Toro y Blanco, su hermana, nació el 12 de enero de 1808). En Caracas la familia se alojó en la casa del famoso marqués del Toro, cuyos vaivenes políticos han sido muy bien descritos por la historiadora Inés Quintero (El último marqués. Francisco Rodríguez del Toro (1761-1861). Fundación Bigott, 2005), y es de suponer que esos vaivenes deben haber tenido algún efecto, por fortuna positivo, en la mente del joven Fermín, al extremo de convertirlo en casi lo contrario de lo que fue su pariente, es decir, un hombre sin vaivenes. Antes de radicarse el Caracas, el niño Toro había recibido sus primeras enseñanzas del cura Benito Chacín, en El Valle, pero al establecerse en Caracas, ya en plena guerra, se convirtió en autodidacta, en buena parte gracias a la gran biblioteca de su pariente marqués, aunque es muy posible que haya recibido ayuda de algunos familiares y cuidado si de algunos esclavos instruidos, que también los había en esos tiempos complicados y complejos. En todo caso, no hay ni puede haber noticias ciertas de la infancia y juventud de Fermín Toro, pero no es aventurado afirmar que deben haber sido muy poco alegres, en medio de una guerra civil, al principio, y entre naciones, después, que asoló con su país y que se llevó por delante a muchísimos de sus parientes y conocidos, y en la que se cometieron todas las barbaridades imaginables, especialmente cuando un caudillo brutal, José Tomás Boves, entró a la pequeña capital de la Provincia rebelde y ordenó pasar a cuchillo a todos los blancos del lugar, de lo que deben haberse salvado los Rodríguez del Toro gracias a los vaivenes del señor marqués. Lo primero que se sabe con certeza de su vida es su ingreso a la administración púbica, ya cuando la guerra había cesado y Venezuela era una república independiente (y su pariente, luego de un notable salto de talanquera, se había convertido en personaje importante de la nueva república). Muy a la usanza de los viejos mantuanos, el joven Toro se casó con una parienta por varios costados, María de las Mercedes (Merced) de Tovar y Toro, con quien tuvo varios hijos: Elías del Toro y Tovar (Caracas, 1830), Julio del Toro y Tovar (Caracas, 1832), Dolores del Toro y Tovar (Caracas, 1834). Carmen del Toro y Tovar (Caracas, 1836), Hortencia del Toro y Tovar (Caracas, 1838). Entre los descendientes de la pareja se cuentan el Doctor Elías Toro Ponce de León, médico, escritor y divulgador científico, que fue Rector de la Universidad Central de Venezuela, así como el también médico, escritor y político Elías Toro Caspers, de la Generación del 28, el arquitecto y escultor Elías Toro y el músico Luis Julio Toro. A diferencia de sus antepasados mantuanos, don Fermín del Toro y Blanco, posiblemente ya trocado en Fermín Toro a secas, se convirtió en funcionario del departamento de Hacienda en 1828, cuando Venezuela era aún parte de Colombia, o de la Gran Colombia, como se dice ahora para diferenciarla de la Colombia que existe como país vecino de Venezuela. Sus primeros pasos en la administración pública fueron en la rama aduanera, primero en La Guaira y luego en la isla de Margarita. Era un jovencito de apenas 22 años, correctísimo y con una formación posiblemente superior a la de sus pares. Aquello a lo que nos referimos antes acerca de la confusión de términos en la Venezuela recién independizada se entiende claramente cuando vemos que Fermín Toro, que fue un auténtico liberal y llegó a ser casi un socialista utópico, militó toda su vida en el Partido Conservador. Su formación intelectual no había sido fácil, por la guerra y los vaivenes de su familia, pero, como autodidacta, había logrado una cultura vasta a los veintidós años, cuando empezó esa aventura de funcionario público, cuya primera etapa duró apenas tres años, pues en 1831 regresó a Caracas, y un año después entró, como representante de Margarita, al Congreso Nacional, en donde pronunció un importante discurso en memoria de su pariente Simón Bolívar, que había muerto en diciembre de 1830. Allí pidió que los restos de del Libertador fueran trasladados a Caracas y se le rindiera un gran homenaje. Es algo curioso y que revela su notable independencia y su carácter, porque su partido, el Conservador, reunía en general a los que se habían opuesto a Bolívar en Venezuela, en tanto que los liberales eran los “bolivianos”, como se llamaba entonces lo que tuviera que ver con Bolívar. Llegó a ser Presidente de la Cámara de Representantes a pesar de su juventud, y en 1835 regresó a la Secretaría de Hacienda, ahora como Oficial Mayor. En esa etapa de su vida publicó su primer cuento, La viuda de Corinto (El Liberal, 25 de julio de 1837), al que seguiría El solitario de las catacumbas (El Correo de Caracas, 20 de febrero de 1839). El primero apareció con la firma “Emiro Kastos” y el segundo con las iniciales “E.K”. También son de esa época sus trabajos costumbristas, firmados con el seudónimo “Jocosías” y publicados con el título Costumbres de Barullópolis, que dice mucho de sus intenciones. Sus críticas al gobierno le generaron importantes antipatías en su propio partido, y pronto (1839) debió dejar Venezuela para radicarse por dos años en Londres. En donde Alejo Fortique hacía un esfuerzo enorme contra el imperialismo inglés que pretendía robarse buena parte del territorio venezolano en la región guayanesa. Fue entonces cuando el joven Toro conoció las ideas de Saint-Simon, Owens y otros predicadores de lo que se llamaría “Socialismo utópico” (para diferenciarlo del “Socialismo real”, que a la larga resultó ser el verdaderamente utópico). Ese conocimiento de las ideas más avanzadas de su tiempo tendría gran importancia en relación con la primera novela venezolana. Poco después de regresar a su patria, Toro presidiría, reintegrado al Congreso, la Comisión encargada de la repatriación de los restos de Simón Bolívar, a raíz de lo cual escribió su Descripción de las honras fúnebres consagradas a los restos del Libertador Simón Bolívar, trabajo publicado el 30 de abril de 1842. Y es, justamente, en esos días, cuando en El Liceo Venezolano, números 2 a 7, entre febrero y julio de 1842, se publica Los mártires. Paralelamente, Toro ejercía la docencia en el Colegio Independencia, de Feliciano Montenegro y Colón, el preferido para los hijos de los conservadores de aquel tiempo. En 1845 publicó su ensayo Reflexiones sobre la Ley del 10 de abril de 1834, editado por Valentín Espinal, en el que arremete contra la usura y recomienda limitar los intereses a un máximo del 6% anual. Entre 1844 y 1847 Toro actuó como Ministro Plenipotenciario en Nueva Granada, en donde el tema principal era el del establecimiento de los límites entre ambas repúblicas, misión que no tuvo el más mínimo éxito. A su regreso fue nombrado Secretario (Ministro) de Hacienda. Poco después volvió al Congreso como Representante por Caracas, y en esa posición estaba cuando los graves incidentes del 23 de enero de 1848, conocidos como el Asalto al Congreso. Cuando el presidente hizo gestiones para que los diputados regresaran a sus puestos, Toro respondió con una frase que ha quedado para la Historia “Decidle al General Monagas que mi cadáver lo llevarán, pero que Fermín Toro no se prostituye”. De hecho, se retiró del todo de la administración pública y se dedicó a sus tierras en los Valles de Aragua, hasta que en 1858, luego de participar en la llamada “Revolución de marzo”, que tumbó a Monagas, ocupó la Secretaría de Hacienda y luego la de Relaciones Exteriores. Eran tiempos en los que su primo, Manuel Felipe de Tovar, fue Vicepresidente y Presidente de la República. Fue Diputado en la Convención de Valencia. En 1860 viajó de nuevo a Europa como Ministro Plenipotenciario en España, Francia e Inglaterra, con la tarea de explicar las muertes y confiscaciones de propiedades de europeos durante la Guerra Civil misión que cumplió a cabalidad. En España logró un Tratado de amistad, comercio y navegación. Finalmente, en 1862, regresó al país para no salir nunca más, y se retiró, ahora sí en forma definitiva, de la política. De nuevo se estableció en Aragua, dedicado a estudios científicos. Y el 23 de diciembre de 1865 murió en Caracas, a los cincuenta y nueve años. Muchos fueron los homenajes que se le rindieron, y entre ellos destaca una “Meseniana” de Juan Vicente González, en la que destaca su condición de sabio y lo llama “el último venezolano”. Había dejado tras de sí una importante obra intelectual, en la que se destaca la primera novela venezolana.

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