Luis Morales Bance (1945-2017), vida y pasión por la música

Luis Morales Bance (1945-2017), vida y pasión por la música

Pocos, muy pocos han hecho tanto por la cultura venezolana, especialmente en el terreno de la música, como Luis Morales Bance, fundador de Solistas de Venezuela, que además de ser una agrupación musical intervino en el terreno del teatro, de la literatura, etcétera, mientras existió. Luis Morales Bance fue el tercero y menor de los hijos del canario José Ana Morales y Berta Bance de Morales; nació en Caracas el 19 de octubre de 1945, al día siguiente del golpe de estado que derrocó al presidente Isaías Medita Angarita y llevó al poder a Rómulo Betancourt como Presidente de la Junta de Gobierno que inició el poco afortunado “Trienio Adeco”, que culminaría con el derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos, primer gobernante elegido mediante voto universal, directo y secreto, pero que no pudo con la enorme carga de los errores cometidos por su partido en ese primer intento de gobierno. Su abuelo materno, Juan Bautista Bance, fue uno de los abogados más notables e importantes de la primera mitad del siglo XX, muy relacionado con las empresas petroleras que durante el régimen de Juan Vicente Gómez iniciaron el proceso de explotación y comercialización del petróleo venezolano. Su madre, Berta Bance, frecuentó en su juventud la alta sociedad venezolana radicada en París. Su padre fue un importante comerciante canario muy relacionado con La Guaira, pero además músico aficionado, que logró interesar al menor de sus hijos en la música académica desde su primera infancia. Luis siguió estudios formales de música para convertirse en uno de los “nietos” del Maestro Vicente Emilio Sojo. Estudió violín con Alberto Flamini, Maurice Hasson y Henryk Szeryng, y en 1972 se graduó de Compositor con honores y bajo la tutela del Maestro Evencio Castellanos, en la Escuela Superior de Música de Caracas. Ingresó a la Orquesta Sinfónica Venezuela como Violín Principal, en 1974. En 1977 fundó la agrupación Solistas de Venezuela, que bajo su conducción y la de Olaf Ilzins se convirtió en la agrupación que llevó más música académica al interior del país y más música venezolana hasta su desaparición virtual, por falto de apoyo de las autoridades nacionales, a principios del siglo XXI. Sin embargo no se dio por vencido y con los músicos Carlos Urbaneja Silva y Pedro Manuel Toro siguió llevando música a los barrios de Caracas y ciudades y pueblos del interior, como nunca lo ha hecho ningún otro músico en la historia. Pero su fama como músico no se debió a la música académica, sino a una pieza que compuso siendo todavía un adolescente: el aguinaldo llamado “El Niño Criollo” (“Si la virgen fuera andina…), con letra de Isabel Umérez, que en muy poco tiempo se convirtió en parte importante de la música popular venezolana. Entre sus obras se destacan Entre sus composiciones se encuentran: Concierto para Violín (Premio Nacional de Composición 1975), Danzas y Vigilias (Premio Municipal de Música 1975), Tiento, Protesta, Coral y Danza (Mención Especial Premio Municipal de Música, 1975) e Himnos, Tropos y Secuencias o AAEEIIOOU (Premio Universidad Simón Bolívar 1975), UADABACOA (1982), Los Trabajadores (1986), Madrigales de Agosto (1986) para Coro y Orquesta, Páez (1991), así como la Ópera Las Bejarano (cuyo libreto es mío), estrenada en 1987. En 2011, recibió el Premio Nacional de Cultura por su trayectoria musical. En 1989 fue fundador de la Orquesta Filarmónica Nacional, en la que actuó como Concertino hasta su muerte.
Conocí a Luis en su infancia, cuando entraba yo a la adolescencia. Estudiaba (yo) sexto grado en el Colegio La Salle de La Colina y me hice muy amigo de José Enrique Morales Bance, su hermano mayor. Estuve varias veces en la casa del Doctor Juan Bautista Bance, una casa enorme, con mucho terreno, en El Paraíso, entre el hipódromo y el Guaire. Allí vi por vez primera a un niño, unos seis años menor que yo, que era el hermano menor de José Enrique. No mucho después el mayor de los Morales Bance se fue a estudiar a estados Unidos, yo dejé La Salle y entré, por fortuna, al Colegio Santiago de León de Caracas, y tanto los Morales Bance como los Casanova Sucre nos mudamos a Las Mercedes, a no más de dos o tres cuadras de distancia. Muchas veces coincidí entonces con Luis, un niño muy serio y cortés, que viajaba en autobús con un estuche de violín casi tan grande como él, cuando yo viajaba con mis libros y nos saludábamos sin cambiar palabras. Muchos años después, a comienzos de 1974, ya yo graduado y convertido en Director Civil y Político de la Gobernación del Distrito Federal y Asesor Cultural del Centro Simón Bolívar, una de las primeras visitas que recibí fue la de Luis, ya un hombre hecho y derecho, violinista importante en la Orquesta Sinfónica de Venezuela, que se ofrecía para colaborar conmigo a la vista del proyecto que había esbozado en dos o tres entrevistas de prensa, y que básicamente consistía en llevar la cultura a las masas hasta donde fuese posible. De inmediato convinimos en que organizara un cuarteto de cuerdas, que llamamos Cuarteto Metropolitano de Caracas, que llevaría música académica, en forma didáctica, a las escuelas municipales, lo que se hizo con mucho éxito. Y empezamos a conversar acerca de hacer una Orquesta de Cámara de Caracas, para lo que me llevó a varios músicos importantes con los que hicimos varias reuniones. Diego Arria, el Gobernador, no aceptó la idea de la Orquesta, porque no confiaba en uno de los que aparecía como promotores, y de inmediato, con ese mismo músico (y economista) vetado hablamos de formar una Orquesta Juvenil, lo que se hizo a pesar de la oposición muy bien razonada de Diego, y con Luis convinimos en hacer una agrupación proteica, que se hizo también un par de años después, y fue Solistas de Venezuela. Yo me fui a fines del 75 como embajador a Dinamarca, y dejé a Luis embarcado en una campaña exitosa para convertirse en Presidente de la Orquesta Sinfónica Venezuela. Sin querer, me convertí en la causa de sus cuitas, cuitas que tendrían serias consecuencias durante varios años. Porque lo convencí de que la Orquesta no debía quedarse en el Teatro Municipal (que era su sede entonces) sino ir a las plazas y a los barrios para llevar buena música a todas partes. Y lo hizo. Pero se topó con la resistencia de un grupo importante de músicos, muchos de ellos extranjeros, que se negaban a tocar al aire libre. El grupo terminó destituyéndolo violentamente, pero Luis contraatacó auxiliado por dos o tres abogados de fuste, que terminaron ganando el pleito, aunque no llegó a haber sentencia debido a que el grupo se transó y Luis fue readmitido poco antes de la fecha en que debía haber nueva elección de Presidente de la Orquesta. Yo me enteré de todo por una gira del Cuarteto Galzio, en la que como primer violín fue Olaf Ilzins, concertino de la OSV y gran partidario de Luis. En esos días Luis y Olaf concretaron el proyecto de agrupación proteica, Solistas de Venezuela, cuya primera actividad internacional, un recital con música venezolana y una conferencia de Luis, fue en Copenhague. A mi regreso a Venezuela, a mediados de 1978, Luis me incorporó a la directiva de Solistas de Venezuela, con lo que se cimentó una amistad entrañable, fraternal, que ha durado hasta hoy. Solistas de Venezuela se convirtió en mucho más que una orquesta o una agrupación proteica, actuó en música, en teatro, en poesía, en artes plásticas y en general en cultura. Fue, además, una gran instrumento de divulgación de la buena música con su programa “Música para aprender”. Se convirtió en la agrupación que más difundió la música académica y popular en provincia, y en la que más dio a conocer la música venezolana en el exterior. Fue una parte importantísima de la gran primavera cultural venezolana que funcionó especialmente entre la década de 1970 y la de 1990. Lamentablemente el poderoso y oportunista José Antonio Abreu movió sus hilos para eliminar la competencia que le hacía Solistas. Y lo logró. Solistas de Venezuela dejó de funcionar, pero Luis Morales Bance había dejado una huella profunda en la cultura del país. Por su combatividad fue uno de los que no cejó en su lucha por elevar el nivel de la Sinfónica, que terminó dividiéndose con la creación de la Filarmónica, en donde Luis tuvo participación muy destacada.
Finalmente, su vitalidad y su voluntad no pudieron vencer al cáncer de páncreas, que terminó con su vida el 30 de septiembre de 2017, en Texas, en los Estados Unidos, a donde había ido en busca de las posibilidades de curación que se le negaban en Caracas. Su huella tendrá que ser reconocida cuando su desaparición física impide que la envidia y el resentimiento de unos pocos la opaquen o traten de opacarla. El nombre de Luis Morales Bance se unirá a los de Teresa Carreño, Vicente Emilio Sojo, Antonio Lauro, Antonio Estévez y unos pocos que estarán para siempre en la gran memoria cultural de todos los venezolanos.

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